sábado, 30 de octubre de 2010


A las once de la mañana llovía, pinteaba... y me acordé de que mis botas de agua estaban rotas... salí de casa y recorrí el centro de la ciudad para comprarme un nuevo par y, de paso, un paragüas y un impermeable porque ya diluviaba y estaba empapada... cogí el autobús y volví a casa, tiritando... a las dos de la tarde ya no llovía y guardé mis nuevas prendas en el armario... ¿Por qué sólo nos acordamos de lo que necesitamos cuando lo necesitamos? ¿Por qué no somos capaces de preveerlo y salir a buscarlo antes de que nos haga falta?