domingo, 14 de junio de 2015

A propósito del odio (XIX)




La campana de mi cocina es una especie de vórtice a otra vida, a la de mis vecinos de arriba. 
A través de ella les oigo, les escucho a veces, suenan. 
Discuten por cosas tontas, porque la comida está salada, porque alguien guardó en el frigo la botella de agua vacía, porque esa marca de leche no es la de siempre. 
Les oigo hacer planes estúpidos, cine o paseo, ir al pueblo o quedarse en casa, o la llamas tú o lo hago yo. 
A veces ríen por nimiedades, mira ésta de la revista, ¿sabes ese de uno que va...?
Casi nunca dicen nada solo hablan y riñen y canturrean y qué guapa estás hoy.
Cosas cotidianas.
Vidas normales.
Me corroe la envidia y enciendo el aparato para ahogar sus voces y sus vidas.