jueves, 30 de septiembre de 2010


A veces, cuando descubres que alguien acaba de descubrir lo que tú descubriste hace tiempo, es motivo de alegría... de alivio por poder compartirlo...
Otras veces, a modo de funeral, cierras los ojos y repites "éste no, por favor, éste no..."
Que se popularicen tus tesoros, que cualquiera se llene la boca hablando de lo que para tí era una delicia escondida... que se permitan opinar y corregir, rechazar, minimizar,... lo que te hizo brecha y cicatriz, es una pequeña violación, un puñetazo en el hígado, una rozadura en la ingle...
Y cuando los que separan el trigo de la paja y dictan lo que es bueno y lo que es malo, lo que hay que leer y lo que no, lo de moda y lo de modé... encuentran otro cebo y sueltan, babeada, la parte de tí que habían arrancado, te sientes trasnochada, antigua, por seguir defendiéndolo...






Paris sin el estereoscopio

Recuerdas el que vivía antes en el piso de arriba y echó a su hija de casa y se oían los gritos y luego él tiró

sus muñecas al patio porque ella todavía conservaba sus muñecas y allí estuvieron entre toda aquella basura

y las miramos que no se movían y ya no se oían los gritos hasta que se hizo de noche y luego el portero

debió de recogerlas a la mañana siguiente algunas sin brazos las estuvimos mirando toda la tarde mientras

iban perdiendo forma hasta que oscureció y no pudimos verlas y luego cuando me desperté a medianoche

pensé «ya no queda nadie para vigilarlas»



"Así se fundó Carnaby Street" 1970


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