jueves, 23 de septiembre de 2010



La gente camina por la calle como sin darle importancia al hecho… sin recalar en los descuidos, en lo importante de los detalles… en esas cosas que luego, cuando cambian, echas de menos… esas de las que sólo te acuerdas al ver fotos de cuando pequeña… en la forma de las farolas, que cambian de calle en calle, en el tipo de enlosado… en los bancos y los que se sientan en ellos…

Unos porque van concentrados en sí mismos y otros porque están descentrados de los otros…

Las diferentes formas de los letreros, las tiendas de “ultramarinos” (me encanta ese nombre… “ultramarino”… en esta ciudad interior, de vino y trigo…)… cómo conviven comercios de microchips y moda con panaderías “de toda la vida” y negocios de nuevo cuño, con verdaderos productos transoceánicos, guayabas, pencas…

La diferencia entre mirar y ver…

Mira la gente: los muy modernos, las muy pintadas, las de chándal y tacones, las que van de… los que vienen para… los de la fauna propia de la ciudad y los que se camuflan, las señoronas de pelo crespado, las viejitas de pelo morado a las que les asustan los del pelo verde, los del pelo rapado, los engominados,… los niños con pataleta, las madres agobiadas que hoy (tampoco) han tenido tiempo de peinarse y sólo se han pintado un ojo, los parados que pasean, pasean… los prejubilados que pasean y se paran… los jubilados que pasean, pasean… los estudiantes que llegan tarde y los que ya, ni llegan…

A veces voy mirando, me tropiezo, me fijo en el bache,… tardo más en llegar, pero llego con los ojos llenos…