Me cuestan más las distancias cortas, los pequeños trayectos. Los 60 pasos desde la parada del autobús hasta mi portal, los 10 que separan el salón y mi cama, el palmo y medio desde el teclado hasta el teléfono... Las distancias largas son un juego, un camino para recorrer. Puedo sufrir de sed por no acercarme a la cocina, dormir en el sofá por ni arrastrarme hasta mi cuarto, morir de pena por no llamarte...