La tendencia es deshacerse... es mentira que con el tiempo adquiramos una personalidad... es mentira que crezcamos y maduremos... es mentira que nos construyamos como personas... es mentira... son mentiras que nos ayudan a anclar los pasos y los pesos. Son mentiras que necesitamos para flotar sin marchar a la deriva y sin caer como piedras hasta el fondo. Es mentira. Ideamos saberes, creemos fantasias que hacemos reales en la medida de nuestras necesidades y, en el fondo, sabemos que son mentira. Que solo sirven para que no nos de miedo asomar las piernas y los brazos fuera de las sábanas cada mañana sin la certeza de que haya un suelo bajo nuestros pies cuando saltemos de la cama. Para salir a la calle y no morir de pánico ante otras personas tan confundidas e indecisas como uno mismo, como tú, como yo. Para mirarnos al espejo y reconocer esos ojos que no te parecen ya tuyos pero que son los que recuerdan los otros. Para coger la mano de la persona a la que quieres, a la que tienes que querer, la que se supone que debe quererte y decidir que sí, que así es, que no es la costumbre ni la desidia ni lo que se espera de tí. Pero es mentira. Nadie asegura que tengas mañana ese suelo que pisar; nadie puede prometerte que un desconocido no te reviente en la calle; nadie sabe lo que va a encontrar en el espejo cada mañana; nadie me quiere. La tendencia es deshacerse... irse fragmentando en conversaciones a varias bandas... ser pinceladas contrapuestas en distintas obras... ir complicando los pensamientos como árboles, las vivencias como sombras, los deseos como vapor, mezclando lo que tuviste, lo que quieres tener y lo que ya nunca tendrás, sin encontrar una unidad que poder presentar ante los demás y decir "Esto soy". Y conformarse con las mentiras dándoles una pátina de verdad, que sí, que sí, yo soy feliz... y es mentira.jueves, 22 de mayo de 2014
La tendencia es deshacerse... es mentira que con el tiempo adquiramos una personalidad... es mentira que crezcamos y maduremos... es mentira que nos construyamos como personas... es mentira... son mentiras que nos ayudan a anclar los pasos y los pesos. Son mentiras que necesitamos para flotar sin marchar a la deriva y sin caer como piedras hasta el fondo. Es mentira. Ideamos saberes, creemos fantasias que hacemos reales en la medida de nuestras necesidades y, en el fondo, sabemos que son mentira. Que solo sirven para que no nos de miedo asomar las piernas y los brazos fuera de las sábanas cada mañana sin la certeza de que haya un suelo bajo nuestros pies cuando saltemos de la cama. Para salir a la calle y no morir de pánico ante otras personas tan confundidas e indecisas como uno mismo, como tú, como yo. Para mirarnos al espejo y reconocer esos ojos que no te parecen ya tuyos pero que son los que recuerdan los otros. Para coger la mano de la persona a la que quieres, a la que tienes que querer, la que se supone que debe quererte y decidir que sí, que así es, que no es la costumbre ni la desidia ni lo que se espera de tí. Pero es mentira. Nadie asegura que tengas mañana ese suelo que pisar; nadie puede prometerte que un desconocido no te reviente en la calle; nadie sabe lo que va a encontrar en el espejo cada mañana; nadie me quiere. La tendencia es deshacerse... irse fragmentando en conversaciones a varias bandas... ser pinceladas contrapuestas en distintas obras... ir complicando los pensamientos como árboles, las vivencias como sombras, los deseos como vapor, mezclando lo que tuviste, lo que quieres tener y lo que ya nunca tendrás, sin encontrar una unidad que poder presentar ante los demás y decir "Esto soy". Y conformarse con las mentiras dándoles una pátina de verdad, que sí, que sí, yo soy feliz... y es mentira.