lunes, 23 de mayo de 2011
Ejercicio de libertad
Asomada a la ventana, cantaba a pleno pulmón (y bastante bien) una dulzura que, creo, se iba inventando a cada palabra... Sin preocuparse de los que mirábamos hacia su quinto sin ascensor de la calle Mirabel... Sonreía y seguía... Y me dió una inmensa envidia. Nunca he hecho algo así. Demasiado pudor. Me he dado cuenta de que no grito ni en las situaciones en las que me estaría permitido. Ni pariendo. Represión absoluta. Y me sirvió de magdalena/baldosa de Proust y me acordé de un niño, también en Venecia, yo en vaporetto y él en otra ventana de otro edificio de esa otra ciudad, comiendo naranjas y saludando al barquito a voz en grito... bajé la cabeza y me hice la sorda...
