miércoles, 16 de septiembre de 2009

Donde siempre hay hueco para sentarse: Ángel González... la espera


Eso era amor
Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
-¿Te gustan solos o con rimel?
-Grandes,
respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.

Elegía pura
Aquí no pasa nada,
salvo el tiempo:
irrepetible música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco,
abandonado,
que alguien toma un momento, escucha
y tira.

Mientras tú existas...
Mientras tú existas,
mientras mi mirada te busque más allá de las colinas,
mientras nada me llene el corazón,
si no es tu imagen,
y haya una remota posibilidad de que estés viva en algún sitio,
iluminada por una luz cualquiera...
Mientras yo presienta que eres
y te llamas así,
con ese nombre tuyo tan pequeño,
seguiré como ahora,
amada mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.

Muerte en el olvido
Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees alto,
y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente,
y en tu sencilla ternura,
yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie lo sepa.
Verán viva mi carne,
pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo-
el que la habita...

Otras veces
Quisiera estar en otra parte,
mejor en otra piel,
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes.
Me gustaría mucho conocer
el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras,
comprobar si el pasado
impregna los tejidos del mismo zumo
acre,
si todos los recuerdos en todas las memorias
desprenden este olor
a fruta madura mustia y a jazmín podrido.
Desearía mirarme
con las pupilas duras de aquel que más me odia,
para que así el desprecio destruya los despojos
de todo lo que nunca enterrará el olvido.

Todo amor es efímero
Ninguna era tan bella como tú
durante aquel fugaz momento en que te amaba:
mi vida entera.

Todos ustedes parecen felices......
Y sonríen, a veces,
cuando hablan.
Y se dicen , incluso,
palabras de amor.
Pero se aman de dos en dos
para odiar de mil en mil.
Y guardan
toneladas de asco por cada milímetro de dicha.
Y parecen
-nada más que parecen-
felices,
y hablan con el fin de ocultar esa amargura
inevitable,
y cuántas veces no lo consiguen,
como no puedo yo ocultarla
por más tiempo,
esta desesperante,
estéril,
larga,
ciega
desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé-, lenta,
me arrastra.

Canción de amiga
Nadie recuerda un invierno tan frío como éste.
Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.
Helado está también mi corazón,
pero no fue en invierno.
Mi amiga, mi dulce amiga,
aquella que me amaba,
me dice que ha dejado de quererme.
No recuerdo un invierno tan frío como éste.