domingo, 21 de febrero de 2016

A propósito del odio (XXVIII)

Me leyeron una historia. La rescaté al vuelo entre otras que esperaban ser encontradas. La leí con mis manos y ojos, sin intemediarios. La hice propia. La entendí. La asumí como mía. Me sentí gigante. Ese gigante del album que espera que algo suceda. Que cree que ahora sí,... pero tampoco. Que no hace nada para que nada pase. Solo espera. Aguarda y observa. Confía en que, en algún momento, todo cambie... o algo... o el viento... o una sombra. Un gigante que crece en la espera y todo se le queda pequeño. El paisaje no ofrece nada distinto. Porque apenas varía algún detalle que, al final, deviene en... nada. Ni siquiera él gira y se revuelve en su deseo. Nada. Y quizá es que debe ser así, piensa. Quizá deba hacer de la nada su todo. Y punto.