No existe vacuna contra el miedo. Si existe, no la quiero.
El miedo es levantarse cada lunes y mirar alrededor... y lo que nos da fuerza para convencernos de que no lo es, para aguantar toda la semana...
Miedo es tener la certeza, saber, pensar y creer que esto no es, no es, ni se parece siquiera a lo que quieres... pero da miedo pensar que pudiera ser aun peor.
Miedo es tener una conversación pendiente, decir que ya sabes la respuesta, por miedo a que sea diferente a lo que esperas.
El miedo es el cascarón de huevo que me aisla de arañazos, que me hace frágil si estoy tumbada y resistente si estoy de pie.
Miedo es mirarse al espejo, las primeras canas, esa no soy yo, yo era más guapa, mis ojos eran más limpios, ¿dónde estoy? No me miro, por miedo...
El miedo es lo que me hace educada, callada y sonriente... y que no me cague en la puta que parió a todos esos gilipollas que se empeñan en joderme la vida...
El miedo me protege, es mi mantita nocturna, mi talismán, lo que me acuna y me acaricia el pelo... para que esté segura y tranquila y sepa que, por lo menos, hay una constante en mi vida; mi miedo siempre estará a mi lado, me será fiel, no se irá, como otros, no me dejará tirada, responderá a mis correos, me lo encontraré al doblar la esquina y me abrazará...
No quiero una vacuna contra el miedo... no quiero saber que podría estar sola.
