viernes, 8 de enero de 2010

¿Has pasado alguna vez dos días completos, con sus noches, sin dormir? Llega la hora en que todos se acuestan, te quedas en silencio, por no molestar, con sólo una lamparita, por no despertar a nadie, oyendo música con cascos, la luz del ordenador, un libro... Las primeras horas las pasas como si fuese de día, como si vivieras en una película de cine mudo... luego los ojos pican... pero no hay sueño... los oídos zumban... pero no hay ruido... la cabeza funciona... pero no hay orden... te acostumbras a ver en la oscuridad, oyes ruídos extraños, te da por pensar (lo peor que se puede hacer), por resolver enigmas matemáticos, por investigar paradojas y buscar consistencias en medio del caos, por acordarte de lo que hiciste y arrepentirte de lo que no, te replanteas tu vida, te odias por haber elegido vivirla así y no haber sido más valiente y haberla vivido de otro modo... La primera noche suele ser soportable... apenas se nota el cansancio al día siguiente... La segunda noche se afronta con nervios... sabiendo lo que va a pasar... cuando no vas a dormir NADA, lo sabes durante todo el día, sabes qué va a pasar... un dolor de estómago aparece como amenaza diciéndote que esa noche vas a ser suya... y las manos se te atenazan, el humor se agria, los niños (como los gatos) lo perciben y se esfuerzan en no levantar la voz y te arrullan, para ayudarte, los pobres, cansados de oírte decir siempre lo mismo, "No puedo dormir"... y piensas tomar las pastillas, pero no te duermen, te hacen pensar que te duermes, pero te convierten en una sonámbula diurna y un mueble nocturno, te abren un apetito exagerado que te deforma el cuerpo a base de convertirte en mujer-globo... Entonces el cansancio te puede y, la tercera noche, duermes: al menos 4 horas seguidas... y vuelta a empezar... ¿Has pasado por ello?