viernes, 12 de junio de 2009

No te muevas, no me empujes, no me toques...


"Vivimos a la altura de nuestros ojos" (gracias, Medem) y se nos abre un hueco de angustia entre la garganta y el pecho si intentamos elevar o bajar la vista.


Vivimos en el nivel rasante, dentro de nuestras posibilidades y, a veces, aún al margen de ellas.


Vivimos en el rellano de la escalera,


en un impás,


ni arriba ni abajo,


en el medio de cualquier parte (saludando a los vecinos, que tampoco van a ningún sitio).


Sustituímos la altura y la profundidad por un aquí mismo, ya, que no es más que una aceptación ilusa del miedo a perder pie, a no saber dónde está el fondo, la tierra, el firme donde apoyarnos, precavidos.


Vivimos en la medianía, miopes y cojos.


Vivimos con miedo a que la vida nos adelante,


nos sobrevuele,


se nos cuele entre las piernas.


No vivimos, realmente, observamos cómo es la vida.